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"El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

2019.09.28 21:32 Enchilada_McMustang "El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día" por Oscar Larroca

El nuevo oscurantismo: La ofensa nuestra de cada día
Óscar Larroca
(Nota publicada en número 52 de "La Pupila")
Historia
"No existe la censura moral, solo la ideológica" Federico Fellini
La censura significa, ni más ni menos, la imposición de límites a la libertad de expresión. Antes bien, esa expresión puede estar habitada por la nobleza o ser denigrante y apologética de delitos. De todos modos, la censura a cualquiera de esas posibilidades expresivas será impuesta por sujetos con poder que han asumido la voluntad de silenciar todas las ideas contrarias a sus intereses, normas o convicciones religiosas. Esas ideas, controversiales y pasibles de ser censuradas se transmiten a través de la oralidad, la escritura o la imagen, siendo las artes (literatura y pintura, principalmente) los blancos preferidos por tiranos de diverso linaje. En efecto, al pincel, la pluma y la voz, se agregó un elemento tutelar: la tijera.
Podemos determinar los distintos tipos de censura en función de quienes la invocan: estatal y directa (como la llevada adelante por genocidas de la talla de Hitler y Stalin), estatal e indirecta (mediante recursos de amparo, decretos y leyes consensuadas en defensa de la minoridad y de una «moral media» pública), religiosa y directa (como la ejercida por la Santa Inquisición), y civil y directa (protagonizada por organizaciones civiles profascistas, organizaciones «familiares» provida, o colectivos de adscripción).
La censura moral estuvo ligada a las religiones monoteístas, las cuales han participado activamente durante siglos en la fiscalización de todo material producido por escritores, artistas visuales y dramaturgos. Así, se hizo tristemente famosa la «hoguera de las vanidades» organizada por Savonarola: un acto pedagógico y purificador hacia el pueblo florentino. Algo análogo a lo que en el transcurso de las centurias otros opresores han hecho usando también hogueras, potros de tormento, campos de exterminio, «justicias infinitas» y «guerras santas».
El argumento más utilizado a la hora de justificar la censura es la ofensa. En la Inglaterra del siglo XIX se pusieron de moda algunos eufemismos y circunloquios bajo ese fundamento. Llegó a ser impensable utilizar en sociedad la palabra leg (pierna), breast o su plural breasts (senos). Para que nadie pensara en las piernas, las de los pianos (piano legs) se disfrazaban con telas, y las patas de las mesas estaban cubiertas con largos manteles. Según el investigador G. Rattray Taylor, era incluso inaceptable preguntarle a una mujer en una cena: «May I serve you a leg of chicken?» («¿Le puedo servir una pierna de pollo?»). Tampoco se podía decir trousers (pantalones), mejor pues: femoral habiliments (prendas femorales).
En los países de habla hispana los rodeos léxicos se emplearon frecuentemente hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Los genitales, por obra y gracia del pecado original, se convirtieron en «partes pudendas», «las vergüenzas», «las partes menos honestas» y «las partes». Con la aparición de la censura como institución jurídica, los jueces debieron ser más precisos en la tipificación de las obras que incurrían en esa nueva figura delictiva. En principio, esta obligación legal y política por definir aspectos asociados a la ofensa o la discriminación fue asumida por el trabajo concreto (ad hoc) de los juristas que tienen por cometido trazar los límites de lo que es socialmente aceptable. Hasta el segundo tercio del siglo XX su trabajo consistía, en algunos casos, en determinar si el vello púbico podía ser mostrado en una escena cinematográfica, o cuándo exactamente un pene debía ser declarado en erección.
La Iglesia y el Estado han recorrido un imbricado y azaroso camino desde las persecuciones en tiempos del Imperio romano, pasando por el césaropapismo bizantino, las teocracias y el galicanismo, hasta los modernos Estados-nación, en los que el gobierno asume la totalidad del poder temporal en beneficio de la moral pública y la cohesión nacional por sobre la pluralidad de intereses y credos.
Volviendo al tema de la censura moral, en 1930, la Asociación de Productores Cinematográficos de Estados Unidos (MPPA) aprobó un código pudoroso, más conocido como Código Hays por el nombre de uno de sus mentores intelectuales, Will H. Hays, y conocido también como «La censura cinematográfica de Hollywood». Su marco regulatorio fiscalizaba las siguientes temáticas: crímenes, blasfemias, alcohol, danza, y, por cierto, el vestuario, la sexualidad y el desnudo. Hasta 1956 el código permaneció inalterado, pero entre ese año y 1963 tuvo sus modificaciones, inevitables, hasta su desaparición definitiva.
Medio siglo más tarde, la censura regresa de la mano de grupos que fomentan la corrección política y la defensa a todo aquel espectador que exprese haber padecido algún tipo de ofensa. Curiosamente, esos grupos pertenecen a movimientos políticos organizados vinculados a la izquierda, a la inversa de lo que sucedió históricamente donde los perseguidores estaban vinculados a corporaciones derechistas. Esta voluntariosa disposición de purificar de la plaza pública a los ofensores en nombre de «la verdad», se parece demasiado a la ideología totalitaria, hoy ejecutada por quienes ayer estaban comprometidos con la emancipación del sujeto. Obsérvese que estos colectivos progresistas son muy abiertos ante aquellas obras artísticas que evoquen el sadomasoquismo, la ingesta de drogas, la promiscuidad o la genitalidad (lo cual, en principio, habla acertadamente de quien no antepone «lo moral» por encima de la estética). A decir verdad, no manifiestan demasiados reparos ante la representación de la crudeza, la performance violenta o la pornografía. Solo disparan sobre la producción simbólica, por ejemplo, cuando el relato ofende a una raza (por ausencia, por contexto o por humor) o cuando ofende a la mujer (si el personaje es demasiado femenino, estereotipado o sumiso). También colocarán la mira sobre el autor de acuerdo a las acciones que llevó adelante en su vida privada.
“Dibujitos animados racistas y machistas”
Algunos colectivos afines a las minorías étnicas pidieron a Netflix que retire de su grilla la serie Friends, por considerarla racista y misógina. Al mismo tiempo aterrizaron en Hollywood para exigir a la industria del cine que incluya, para la elaboración de sus personajes de ficción, la diversidad racial, antropomórfica y sexual. Hay series para adolescentes como Popular (cuyo autor es Ryan Murphy, el libretista de Glee) en la que sus personajes son negros, coreanos, indios, latinos y descendientes de las tribus nativas de Norteamérica. También hay una cuota para adolescentes petisos (Zoey 101, de Nickelodeon) y otra para individuos transexuales. La señal FOX Premium anunció el comienzo de Pose, la primera serie subtitulada al español con lenguaje inclusivo («nosotres», «estimades amigues», etcétera). En Netflix sobreabundan los documentales apologéticos sobre drogas y las series con personajes homosexuales, pero al mismo tiempo la empresa cuenta con un «coordinador de intimidad» (un eufemismo para esquivar la palabra «censor»).
Con respecto a la «visibilización de la diversidad», esta no pasa por llevar a la ficción un personaje de cada etnia, género, cultura o talla corporal. La literalidad es patrimonio de la realidad (o de una parte de ella) pero no es un atributo de la ficción. Precisamente, esa cercanía con lo real ha provocado que algunos espectadores confundan simulacro con realismo, ficción con literalidad y humor con blasfemia. A tal punto que varios jóvenes estadounidenses exigieron a las autoridades de FOX y a los guionistas de la serie animada Los Simpsons que suprimieran de la serie al personaje Apu por considerarlo un estereotipo ofensivo hacia la raza india. Es decir, por un lado, existe un reclamo para que se habilite una cuota étnica y racial, pero por otro lado, si los guionistas incurren en alguna «broma cruel» (el italiano mafioso, el policía corrupto, el clérigo pedófilo, el indio lleno de hijos, la mucama mexicana) se evoca la etiqueta de la ofensa y se exige su retiro. En el año 2019, la empresa Disney decidió eliminar de Toy Story 2 una escena donde asoma un aparente hecho de acoso sexual. La escena transcurre dentro de la caja donde se encuentra Oloroso Pete y dos muñecas Barbie. Esto es lo que dice el muñeco: «Ustedes dos son de verdad idénticas. Puedo conseguirles un papel en Toy Story 3». Tras esta frase, el personaje mira a la cámara y advierte que lo están grabando: «Perdón. ¿Es la toma? Bueno, chicas. Fue un verdadero gusto. Y cuando quieran que les dé consejos de actuación será un placer ayudarlas». La escena hace referencia a lo que en Estados Unidos se conoce como casting coach, o «casting sábana» en el Río de la Plata, acoso denunciado por muchas actrices.
“Libros machistas para niños”
Una escuela pública de la localidad española de Sarriá (Barcelona) ha retirado de su biblioteca 200 títulos porque no son del agrado de los defensores de esta nueva agenda de derechos. «Cuentos emblemáticos como La leyenda de San Jordi, Caperucita roja o La bella durmiente son ejemplares de historias tóxicas en perspectiva de género». La censura se ha llevado a cabo después de un «análisis exhaustivo de su contenido» […] «Se ha concluido que la mayoría de los personajes femeninos son secundarios y se les atribuyen tareas de cuidados o maternidad o tienen roles relacionados con el amor» (sic). De hecho, solo el 11 % de los libros han sido considerados «positivos en perspectiva de género». Vale entender que estos personajes «positivos» carecen de relieve y conflictos: no tienen, por ejemplo, atributos vinculados al cuidado doméstico (de hermanos o ancianos), ni están vinculados a la maternidad («un estereotipo impuesto por el patriarcado y la heteronorma», dicen). La institución alega que «los cuentos que son sexistas pueden contribuir, a la larga, a actitudes machistas o, incluso, de violencia de género». Es decir, si un niño lee el «sexista» La bella durmiente, puede provocar que acabe siendo un maltratador de mujeres.
La crítica literaria española Ana Garralón se pregunta qué harán con los títulos censurados: ¿Acaso quemarlos, como hacían los nazis y los comunistas con los libros que consideraban incorrectos? La Constitución española ampara en su Artículo 20 el derecho a la creación literaria y prohíbe expresamente la censura previa, por lo que los censores se apresuraron a precisar que Caperucita roja finalmente no sería retirado, «si bien no había pasado el test» (sic).
Para Garralón, censurar libros destinados a los niños es una práctica tan arcaica como la historia del libro y de la pedagogía. A fines de la década de 1990 varios lectores se quejaron de que en el bestseller ¿Dónde está Wally? «aparecía una mujer en topless». Un poco de escándalo fue suficiente para «vestirla» en su siguiente tiraje de imprenta. Todo este control y amenazas veladas repercuten en los hacedores de libros: escritores, editores e ilustradores. La ambigüedad, necesaria en la literatura, empieza a evaporarse. El humor, que se basa en la parodia y en ridiculizar, es uno de los grandes ausentes. Y nadie quiere que le acusen de ofender a los demás.
En la década de 1980 se comenzó a utilizar en una universidad estadounidense el término «políticamente correcto» para evitar las ofensas, acaso como un reflote involuntario de los eufemismos creados por los ingleses a mediados del siglo XIX. En lugar de decir «negro» se debe decir «persona de color» o «afroamericano», entre otras recomendaciones de un muy extenso listado que busca suavizar los calificativos considerados como humillantes. En 1990, el comediante estadounidense James Finn Garner publicó un libro donde aplicaba esta norma. El volumen se tituló Cuentos infantiles políticamente correctos. El de Caperucita roja comienza así: «Érase una vez una persona de corta edad llamada Caperucita Roja, que vivía con su madre en la linde de un bosque. Un día, su madre le pidió que llevase una cesta con fruta fresca y agua mineral a casa de su abuela, pero no porque lo considerara una labor propia de mujeres, sino porque ello representaba un acto generoso que contribuía a afianzar la sensación de comunidad.»
Garralón observa que la literatura en general y los libros para niños en particular se empiezan a leer bajo una mirada hipersensible. Blancanieves es considerada inmoral por convivir con siete enanitos y, desde luego, se persigue a las princesas por perpetuar «modelos patriarcales» (excepto las que se «deconstruyen»: no se depilan las axilas y eructan). Como se sabe, paralelamente a la censura ejercida por «otro más poderoso» debemos considerar la autocensura: reflejo voluntario o involuntario en el autor como consecuencia de estos sojuzgamientos sociales. Por lo tanto ¿cómo escribir sin temor ante esa vigilancia en un mundo que está leyendo todo de manera literal?
En Alemania, un clásico como La pequeña bruja, de Otfried Preussler, está siendo revisionado para que se suprima del texto a dos personajes: un niño disfrazado de esquimal y otro de niño negro. La editorial negocia duramente con los herederos, quienes se defienden diciendo que el autor no era racista. Pero eso no será relevante: la policía del pensamiento tendrá la última palabra.
No importa la procedencia del escritor ni lo que hayas escrito, dice Garralón. Si el autor osó escribir la palabra «negro» para referirse a un personaje de piel negra, toda su obra será cuestionada. Los valores estéticos no son tomados en cuenta. Cada grupo, además, tiene una legión de «escritores» que inspeccionarán los cuentos (los libres de derechos de autor) para readaptarlos según sus consignas. El caso más reciente es una versión de El Principito, titulado La Principesa. Las autoras indican que, además de ser una traducción de género, «se reescribe con una mujer protagonista que viaja a planetas donde los oficios son desempeñados indistintamente por hombres y mujeres, donde los animales reciben un trato más amable que en la obra original y la rosa se ha transformado en un clavel» (sic). No es posible imaginar qué cosa podría haber respondido Antoine de Saint-Exupéry ante la frase «…los animales reciben un trato más amable que en la obra original…».
“Arte machista para adultos”
Hasta aquí, un ligero resumen de lo que acontece en el mundo editorial. ¿Pero qué sucede con aquellos artistas que nos han legado una obra artística extraordinaria pero sus vidas privadas son objeto de condena? En los últimos dos años, Gustave Courbet, Auguste Rodin, Pablo Picasso, Charles Dickens, Albert Einstein, James Joyce, Steve McQueen, Robert Crumb, Mick Jagger, Morgan Freeman, John Belushi, Quentin Tarantino, Jorge Lanata, Alfredo Casero, Ricardo Darín y Osvaldo Laport han sido algunos de los muchos creadores, políticos, actores, periodistas y hombres de ciencia señalados como misóginos.
En el Reino Unido, la Manchester Art Gallery retiró una pintura del prerrafaelista William Waterhouse, Hilas y las ninfas (1896), para «abrir un diálogo en torno al papel de la mujer en el arte». En España, doce mil personas firmaron un manifiesto para que se retirara de una muestra transitoria la pintura Térèse soñando (1938), de Balthus: una jovencita que deja ver, de manera provocativa, su ropa interior.
La lista no se detiene allí. Woody Allen ha sido descalificado como depravado y señalado como un sujeto execrable que mantuvo una relación incestuosa con su hija adoptada, mientras Kevin Spacey fue denunciado como acosador. El documental Leaving Neverland (Dan Reed, 2019) aborda en sus casi cuatro horas de duración los abusos sexuales perpetrados por Michael Jackson. Si bien todas estas conductas deben ser evaluadas y condenadas en los estamentos legales correspondientes, los activistas intentan desplazar el repudio hacia las creaciones artísticas de los acusados. Así, los detractores han presionado a las instituciones culturales, sellos cinematográficos y cadenas de distribución para que las obras de los nombrados fueran quitadas de las galerías (Pablo Picasso), se les rescindiera sus contratos cinematográficos (Woody Allen, Kevin Spacey) o se los purgara de alguna serie de dibujos animados (Michael Jackson). Resta saber quiénes son los mentores principales que —acechando bajo el argumento del oprobio y las prendas de la diversidad— contribuyen con cuantiosos recursos económicos para que toda esta cacería planetaria sea simultánea, sistemática y organizada.
“Racismo”
En mayo del año 2019, la escuela secundaria George Washington de la ciudad de San Francisco decidió invertir 600.000 dólares para destruir una serie de trece murales que cubren 150 metros cuadrados y narran la historia del primer presidente estadounidense, George Washington. El autor de las obras, Victor Arnautoff, fue un artista soviético que había emigrado a Estados Unidos y que en la década de 1930 pintó murales en edificios públicos para la Administración de Trabajo del gobierno, un proyecto de Franklin Roosevelt para darle empleo a artistas desempleados por la Gran Depresión. En los murales de Arnautoff, Washington les da órdenes a sus esclavos, los exploradores matan indios y el prócer aparece rodeado de sirvientes.
La escuela eliminó esas pinturas, no porque defiendan la idea de un prócer impoluto, sino porque «la presentación de minorías solo como víctimas es una agresión a nuestro alumnado. Queremos brindarles a nuestros alumnos un ambiente seguro» (sic).
En Uruguay, en el año 2018, se suscitó una polémica a propósito de un cartel en el que se muestra a una mujer negra amamantado a un bebé blanco. El afiche respondía a la convocatoria anual que hacen los organizadores de la fiesta de la Patria Gaucha, en Tacuarembó. El MIDES, a través de la ministra Marina Arismendi, lo consideró «racista y retrógrado» («Nos atrasa un siglo y medio», dijo la ministra). Del mismo modo que alguien podría haberse visto afectado por alguna razón genuina (tatarabuelos negros y esclavos), también se podría ver un homenaje a la relación desinteresada entre una nodriza y un niño que necesitaba alimento. Se podrá refutar que quienes así opinan tienen una mirada ingenua y pastoril a propósito del sufrimiento que padecieron los esclavos. Sin embargo, podría haber tanto racismo en quien pide que se retire la figura de la mujer negra, como en quien utilizó la estampa de la misma mujer para promover un evento folclórico.
La Diputada por el Partido Nacional, Gloria Rodríguez Santo (una legisladora de piel negra), escribió lo siguiente: «Es en esa imagen del “ama de leche”, quizás por nuestro orgullo de ser afrodescendientes, que vemos un mensaje mucho más profundo y positivo que a la época o a las prácticas nefastas a las que pueda retrotraer.»
En Londres, la guionista británica Karla Marie Sweet se quejó de que no entendía la ausencia de actores negros en la exitosa serie de HBO Chernóbil, basada en la tragedia ocurrida en 1986 en la central nuclear de la Ucrania soviética. Sweet explicó en Twitter que se sentía «decepcionada» al ver «un programa exitoso con un elenco masivo» que invisibiliza a «las personas de color» (sic). En respuesta, uno de los comentaristas le respondió: «No había personas “de color” porque en esa zona de la ex Unión Soviética el tipo racial predominante es el blanco-rubio». Luego de ese intercambio, la guionista restringió el acceso a su cuenta. Pero, como señalé más arriba, la censura está dirigida no solo a la obra, sino también a sus autores. Si esos creadores, además, tienen un oscuro pasado en sus vidas privadas, tanto mejor. En este momento de revisionismo, un grupo de historiadores descubrió —hurgando en documentos y testimonios de su biografía— que Mahatma Gandhi llegó a abrazar el racismo durante su juventud. El objetivo es desacreditar sus acciones y echar por tierra su consagración como sujeto pacifista y líder de masas.
“Ciencia racista y misógina”
Según relata el crítico Jorge Barreiro, un grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Filadelfia pidió que no se dejara hablar, y que se despidiera, a la profesora —y feminista— Camille Paglia, una de sus académicas más prestigiosas, por sus críticas al feminismo hegemónico, a la teoría posmoderna del constructivismo sociocultural —personificado, según ella, en Foucault y Derrida— y a su oposición a la discriminación positiva en favor de las mujeres por considerarla una forma de minusvalorarlas. El rector se negó, finalmente, a las pretensiones censoras de los estudiantes. En algunas universidades australianas las carreras de los astrónomos y astrofísicos no dependen solo de sus méritos académicos, sino también de sus identidades personales —varón, blanco y heterosexual corren últimamente con desventaja— y de sus antecedentes en asuntos de «diversidad». Para aspirar a cargos y recursos —en astronomía— se exige al interesado que escriba una «declaración sobre diversidad» (sic).
A la psicóloga y socióloga estadounidense Linda Gottfredson le cancelaron una conferencia en la Universidad de Gotemburgo por sostener cosas tan «inauditas» como que hay evidencia de que algunas pautas conductuales no obedecen solo a construcciones sociales, sino también a factores genéticos. Se le comunicó que su invitación había sido anulada debido a las protestas de otros investigadores que sostenían que «las conclusiones no igualitarias» de Gottfredson contravenían las normas éticas del organizador. Pero la coerción hacia quienes piensan distinto no se suscita solo con la ciencia; el oscurantismo también afecta a principios democráticos y de igualdad largamente arraigados en nuestra tradición republicana, como la presunción de inocencia, el derecho a un juicio imparcial, y a la libertad de creación artística, que ya se suponía a resguardo de los imperativos religiosos o morales. La carrera académica del profesor y abogado Ronald S. Sullivan Jr., el primer decano negro de la historia de Harvard, llegó a su fin cuando las autoridades de la universidad anunciaron que no le renovarían su mandato. Su pecado fue el de haberse sumado al equipo de defensa de Harvey Weinstein, el productor de Hollywood acusado de abusos sexuales y que disparó la creación del movimiento #MeToo. Los estudiantes consideraron que Sullivan «ya no era de fiar como académico» (sic). Se deduce que, para las autoridades de Harvard, una conquista civilizatoria como la presunción de inocencia —rubricada en la Constitución— y el derecho a disponer de abogados defensores, son meros detalles que deben sacrificarse en el altar de la lucha contra el sexismo.
Hay muchos más ejemplos de descalificación moral hacia los científicos «heréticos». La prueba más categórica es la reciente creación de la revista Journal of Controversial Ideas, para que los académicos que escriben sobre temas controvertidos (¿habrá algún tema científico que no haya sido controvertido en algún momento?) puedan publicar… anónimamente. Entiéndase bien: se está empujando a quienes tienen el genuino derecho a discrepar a que lo hagan, pero desde las sombras.
Uno de sus promotores, el profesor de filosofía de la Universidad de Oxford, Jeff McMahan, recordó que «Las amenazas de fuera de la universidad suelen provenir más de la derecha. Las amenazas a la libre expresión y a la libertad académica en el seno de la universidad suelen provenir de la izquierda».
Según Barreiro, sobre el clima intelectual imperante en la facultad de Ciencias Sociales de Uruguay, el profesor Nicolás Trajtenberg ha llegado a sufrir la estigmatización y la descalificación de quienes no adhieren a las corrientes de la izquierda identitaria hegemónica. Cualquiera que se atreva a desafiar el canon —marxismo cultural, feminismo de género y políticas identitarias en general— es tachado de sexista, racista, homófobo, islamófobo o «neoliberal» —incluso fascista, llegado el caso— porque, cuando se va escaso de argumentos, no hay mejor recurso que la descalificación ad hominem, previa alegación de ofensa. La advertencia para los futuros investigadores es clara: hay temas «sensibles» que no conviene abordar. No decir en público lo que se piensa en privado por temor al descrédito o el estigma es una decisión bastante corriente. Esto erosiona la libertad académica y de expresión en general, el progreso del conocimiento y hasta algunos principios básicos del orden democrático. Todo hallazgo científico —tanto de las ciencias naturales como de las sociales— debería ser impugnado, contradicho o cuestionado. ¿Por qué no refutar a Carl, a Paglia, a Gottfredson y a Sullivan? ¿Qué mal podría derivarse de confrontar ideas rivales?
Los ya célebres «espacios seguros» que reclaman los estudiantes en los campus anglosajones no refieren solo al acoso sexual o a que las autoridades eliminen «murales ofensivos». Un «espacio seguro» es también aquel en el que el educando se halla «a resguardo de las ideas que le hacen mal» (sic). Por tanto, esas ideas se suprimen.
Corolario
La idea de ficción, que madura en la Europa medieval con la eclosión de la novela, se ha quebrantado de forma grave en el siglo XXI, lo cual atenta contra su sentido de existencia. Hoy, si esa ficción quiere dar lucha por su libertad —en el debido marco del respeto y de lo que se supone se debe interpretar por humor o estereotipo—, deberá enfrentarse a dudosas adaptaciones, modificaciones, y formar parte de listas negras o escraches. Hace un tiempo anduvo circulando en las redes sociales un listado de «las diez canciones más misóginas de la música uruguaya» (sic). En el podio se hallaba el tema La hermana de la coneja (Jaime Roos/ Raúl Castro), pero las más cuestionadas siguen siendo las letras de tangos. «El tango no ha ofrecido una imagen de mujer autónoma y de avanzada, sino que tiene un claro componente machista y paternalista en sus letras, pero queremos otro tango» (sic), reclamó la senadora uruguaya Constanza Moreira, volviendo a confundir ficción con literalidad y testimonio histórico con ofensa y culpa social.
Varios observadores han advertido que en la historia contemporánea, quienes mejor han aplicado la lógica de estas acciones censoras, han sido aquellos regímenes donde universidad pública, partido y Estado son uno solo.
En suma, cuando las estructuras de poder aspiran a la prolongación inerte de sus dogmas, el artista y su obra terminan impugnados o directamente eliminados. A ese artista entonces se le teme, como se le temió a Masaccio, a Klimt, a Bellmer, a Manet, a Zola y a Onetti. Varios de ellos, expatriados o encarcelados. El humor, el arte, la libertad de expresarse fundada en la lengua «convencional» y —sobre todo— en la capacidad de simbolizar, se arrojan a la censura. Así como el Ku Klux Klan ordenó una fogata con discos de los Beatles en Texas en 1966, los nuevos emisarios del oscurantismo procuran arrojar a una nueva hoguera las obras que no se ajustan a los parámetros de sus agendas progresistas.
En consecuencia, la censura contra un arte que no se aviene a sus esquemas siembra el desprecio por el arte y la cultura, elimina el diálogo, fomenta la intolerancia y promueve la violencia. Será el triunfo de una literalidad plana bajo el cercenamiento a las libertades. Será, en nombre de la ofensa, el triunfo del fascismo.
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2019.02.05 15:50 Severianes ¿Vuelven los martes de ciencia? La hipótesis de Whorf-Sapir

La hipótesis de Whorf-Sapir

Aclaremos por las dudas que la lingüistica está muy lejos de mi campo, y lo que sigue es completamente amateur y extraído de lecturas varias motivadas por la curiosidad.

Categorías semánticas y la hipótesis de Whorf-Sapir

Las palabras son etiquetas que les ponemos a cada una de nuestras categorías semanticas, es decir a cada conjunto de cosas u acciones que consideramos similares. Por ejemplo, la palabra perro designa aquéllas característica que tienen en común todos los objetos que consideramos perros. La palabra gato hace lo propio con los gatos. Las palabras perro y gato son diferentes, porque notamos que hay cosas que perros y gatos no tienen en común.
Así, las palabras que existen en nuestro idioma son reflejo de las categorías con las que construimos nuestra descripción del mundo. Palabras diferentes designan categorías diferentes, palabras iguales se refieren a la misma categoría (y cuando esto no pasa, el contexto lo resuelve).
Por supuesto, estas categorías están ligadas a la historia y al modo de vida del pueblo que las usa. La realidad que percibimos condiciona nuestras categorías y luego da forma a nuestro lenguaje. Por ejemplo en español decimos nieve, escarcha, hielo y poco más. Los finlandeses tienen ¡40 palabras! para designar distintos tipos de agua congelada.
Ahora bien, podríamos preguntarnos ¿sucede acaso lo opuesto? Es decir ¿condiciona nuestro lenguaje las categorías semánticas que somos capaces de imaginar, y luego la realidad que percibimos?
La hipótesis de Whorf-Sapir proclama que en efecto el lenguaje que hablamos limita nuestra visión del mundo, determinando la manera como clasificamos nuestras percepciones. Hay al menos dos versiones de la propuesta
La hipótesis fue propuesta en los '40 por el lingüista Edward Sapir y su discípulo Benjamin Lee Whorf, y estuvo muy de moda en los 60', para ir perdiendo seguidores con el paso del tiempo.
El consenso actual parece ser (hasta donde llegué a leer) que el lenguaje puede afectar la capacidad de evocar hechos pasados, pero no la de distinguir datos del presente. Por ejemplo, si en nuestro idioma usamos la misma palabra para perro y gato, no perdemos la capacidad de ver que son animales diferentes, sino tal vez la de recordar si un cierto hecho pasado involucró un perro o un gato. En otras palabras, podríamos distinguir los 40 tipos de nieve, aún sin hablar finés.
Incluso si muy probablemente es falsa, la hipótesis de Sapir-Whorf es fascinante por varias razones. Concentrémonos en dos

La hipótesis de Whorf-Sapir en la literatura

En 1984 de George Orwell, la dictadura de IngSoc impone la Neolingua como único lenguaje permitido a la población. Desprovista de palabras relacionadas con la disidencia política, su objetivo es evitar que los ciudadanos puedan siquiera imaginar la rebeldía.
En Babel 17, de Samuel R. Delany, los espías de una potencia extranjera se comunican en un idioma artificial que lleva ese nombre. Sus mensajes son interceptados por la inteligencia local, pero los criptógrafos que intentan descifrarlo sufren una especie de lavado de cerebro a medida que lo aprenden, y se transforman en espías.
En Los lenguajes de Pao, de Jack Vance, el planeta Pao es poblado por grupos humanos con idiomas completamente diferentes según su gremio: militares, campesinos, comerciantes, gobernantes. Solo en el idioma de estos últimos existen palabras que permiten conceptualizar el poder.
En La historia de tu vida, del increíble Ted Chiang, una lingüista aprende el idioma de una especie extraterrestre que percibe todo el tiempo como como un eterno presente. Al hacerlo, comienza a tener visiones de su futuro y de la vida de su hija aún no nacida. La película Arrival llevó esa historia al cine.
En Los libros del sol nuevo, de Gene Wolfe, Severian conoce a los ascios, una raza esclavizada por una dictadura absolutista, que sólo permite hablar usando frases de sus libros de propaganda, a lo que llama el pensamiento correcto. Contrariando la hipótesis de Whorf-Sapir, los ascios son capaces de usar frases de esos libros para expresar su rebeldía.

La hipótesis de Whorf-Sapir en la historia

Como los tiranos literarios, varios tiranos históricos pretendieron borrar algunos conceptos del imaginario de sus pueblos, eliminando las palabras que los designan. Una intuición pragmática y frecuentemente burda de la hipótesis de Whorf-Sapir.
La Constitución de Cádiz fue declarada por las cortes españolas el 19 de marzo de 1810, en el día de San José. Cuando Fernando VII fue restaurado en el trono, siguió un período de represión absolutista en el que resultaba peligroso incluso hablar de la Constitución. Surgió entonces el grito ¡Viva la Pepa! como un modo de celebrar la Constitución haciendo referencia a su día de nacimiento.
No resultó muy útil la represión de la palabra, Fernando VII se tuvo que tragar el sapo y jurar la Constitución años después.
En 1792, los revolucionarios franceses establecieron un nuevo calendario, basado en el sistema decimal y limpio de referencias religiosas. La República pretendía así difundir sus valores en la población, de modo similar a lo que habían hecho antes los romanos al designar a los meses julio y agosto en memoria de sus emperadores Julio y Augusto.
Sin embargo, los nombres romanos llegaron a nuestros días, mientras que el calendario republicano francés fue olvidado, luego de ser derogado por Napoleón para amigarse con la Iglesia. De los nombres de sus meses nos queda Germinal, la novela de Emile Zola que pocos leyeron, y Termidor, el vino barato que todos probaron.
En 1956, ese ser nefasto que fue Pedro Eugenio Aramburu promulgó el decreto 4161, que prohibía mencionar los nombres de Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, y hacer cualquier mención al peronismo. Con penas de prisión de hasta seis años, contenía una lista de las palabras prohibidas.
Lejos de lograr su objetivo, esa política de desperonización de la población llevó a los jóvenes de la década siguiente a enrolarse en el peronismo idealizando al General.
¿Qué podemos aprender de estos ejemplos literarios e históricos? Que la hipótesis de Whorf-Sapir no funciona de una manera tan sencilla: las modificaciones del lenguaje sólo prenden si reflejan una modificación anterior de las categorías semánticas subyacentes en las que clasificamos la realidad.
Los españoles querían una Constitución, y Fernando VII la tuvo que deglutir. Los franceses no necesitaban un nuevo calendario, y no lo adoptaron. El pueblo argentino no iba a olvidar al peronismo porque se prohibiera nombrarlo, y eso no sucedió.

La hipótesis de Whorf-Sapir y la militancia progresista

Para terminar este post haciendo amigos como es mi costumbre, analicemos la versión presente de la hipótesis de Whorf-Sapir: el lenguaje inclusivo.
Según sus promotores, si elimináramos las palabras que usamos para discriminar a las personas por su género, no seríamos capaces de hacerlo. Los que los escritores compulsivos de x's y e's no parecen entender es que, como se ve en los ejemplos históricos antes mencionados, van a contramano de la dirección histórica cambio lingüístico.
Sólo si primero se produce un cambio en las categorías semánticas, es decir una modificación en la percepción de la realidad, entonces y solo a posteriori podría adoptarse un lenguaje que lo refleje. Si los hispanoparlantes percibiéramos la tan mentada fluidez de los géneros, cambiaríamos nuestro idioma para reflejarla, sin necesidad de que nadie nos impela ello.
Sin embargo, hay otro fenómeno lingüístico que puede aplicarse aquí: a veces una porción de la población utiliza un lenguaje de prestigio como modo de diferenciarse de los demás, realzando su pertenencia a un grupo y su diferencia con otros. Esto causó por ejemplo el big vocalic shift, alejando al inglés oral de su versión fonética en caracteres latinos. Uno se pregunta si no es la necesidad de mostrarse moralmente superiores y distintos del populacho discriminador lo que lleva a los chiquEs a hablar en jeringoso.
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2018.06.13 01:09 Astagion [Paladín] Lynessa (12/06/18)

Imagino que no será esta la idea más original del mundo pero es Paladín y te lo envió porque #YOLOvalgo.
Vista previa del mazo:
https://preview.redd.it/xwa6v476eo311.png?width=265&format=png&auto=webp&s=f428ed127ee0303a0d1fff16b35353a01bcc527e
Código del mazo:
AAECAZ8FBvnsAsPqApAH4+MCws4CjtMCDPQFsQj7AermAvYHjwmbwgKvB9wDzwb40gKIxwIA
¿Cuál es la idea del mazo?
La idea del mazo es hacer un abuso de los buenos hechizos de buff con los que cuenta el Paladín para así poder invocar una Lynessa penasol bastante potente en cuanto a la relación estadísticas/valor se refiere. Por lo demás, buscas ganar a base generar valor de cartas como defensor de piedraloma (Stonehill defender), rey exánime (Lich king), zola la gorgona (Zola the gorgon) y Uther, la espada de ébano (Uther of the ebon blade) a la par que buscas agotar los recursos del rival.
Después del lanzamiento de "El Bosque Embrujado", hace al menos tres semanas estuve intentando hacer funcionar una lista de Paladín con Lynessa penasol (Principalmente porque hacia relativamente poco que me había hecho con Lynessa y además tenía ganas de hacer que un mazo con Lynessa penasol "funcionara" de alguna forma en ese "meta") y esta es una versión bastante similar a la que anduve jugando en ese momento. Por aquel entonces tuve alrededor de un 55% de ratio de victoria (Considerando que juego en rangos bajos y que no le dedico mucho tiempo al juego creo que no estaba del todo mal).
Algunas consideraciones que tuve mientras estuve probando el mazo fueron:
• Incluir al menos una copia de cartas como:
Draco primordial (Primordial drake):
Inicialmente lo llevaba y la verdad me resulto bastante práctico en más de una ocasión. Lo termine por suprimir más que nada para hacerle lugar a otras cartas, seguramente sería una carta interesante de volver a incluir.
Poción de heroísmo (Potion of heroism):
La jugué durante un tiempo porque notaba la necesidad de seguir ciclando el mazo con más asiduidad ya que en ocasiones tardaba en encontrar a Lynessa penasol (En ese momento estaba jugando sin rey exánime ni Uther de la espada de ébano por lo cual Lynessa penasol era básicamente mi condición de victoria y mi forma de presionar). Seguramente sea otra buena opción a volver a incluir.
Guardián del sol Tarim (Sunkeeper Tarim):
En la versión que estuve probando, lo llevaba pero decidí suprimirlo antes de compartirte la lista. Lo suprimí porque no estaba teniendo la sensación de que Tarim brillara lo suficiente en el mazo.
La mayoría de las partidas no había tenido un gran impacto y en ocasiones se me quedaba muchos turnos muerto en la mano, además me estaba encontrando con muchos paladines impares (Enfrentamiento en donde normalmente no podía jugar Tarim con comodidad sin antes vaciar el tablero rival).
• Incluir ambas copias de cartas como:
Defensora de la luz (Paragon of Light):
Inicialmente la incluí en la lista pero en las partidas donde realmente la necesitaba se moría con relativa facilidad sin que su efecto fuera lo suficientemente relevante, la robaba demasiado tarde o bien no tenía ningún buff en mano con el cual poder jugar la carta aprovechando el efecto de provocar y robo de vida.
Protectora justa (Righteous protector):
Esta es otra carta que también incluí originalmente en la lista y que termine por cortar aquí.
Principalmente la llevaba para intentar frenar un poco la agresión de la inmensa cantidad de Paladines Impar que me estaba encontrando. Además, me parecía una excelente carta en combinación con llamamiento a las armas (Call to arms, el cual aún estaba sin ser "balanceado").
En enfrentamientos contra mazos más lentos es una carta que tiene poco valor y no cumple una función muy específica ya que no tienes ningún esbirro en particular al que quieras proteger y para proteger el total de vida de tu héroe tienes otras cartas mejores como defensor de piedraloma, montura espinosa, rey exánime, la misma Lynessa penasol (Habiendo jugado al menos una montura espinosa) o incluso los pacificadores aldor.
Djinn benevolente (Benevolent djinn):
Esta carta no la llegue a probar en el mazo pero la idea principal por la que la tuve en consideración es el hecho de que en ese entonces andaban rondando algunos mazos de mago "tempo" que simplemente te podían matar a base de tirarte los hechizos a la cara y pensé que esta carta podría echarme una mano (Aunque ahora mismo que lo pienso, los 3 puntos de sanación por turno no parecen ser suficiente).
Realmente se nota bastante la ausencia de cartas como ragnaros señor de la luz, sanación prohibida o ardemechón balardiente y simplemente buscaba de alguna manera poder suplir esas carencias.
• Suprimir al menos una copia de cartas como:
Llamamiento a las armas (Call to arms):
Principalmente por el cambio que se hizo en la carta durante el tiempo en que estuve probando el mazo.
El no poder jugar llamamiento a las armas en turno 4 (O turno 3 con moneda) hacia la segunda copia de la misma se nota muchísimo. Además, el nivel de poder de la carta no se siente tan destructivo como cuando costaba un cristal de mana menos aunque con llevar únicamente esbirros de coste 2 y ninguno de coste 1 se logra tener la sensación de que la carta es mucho más potente/equilibrada de lo que realmente es.
Por otro lado, el cambio en esta carta fue lo que me impulso a remover la protectora justa en relación a la versión que finalmente adjunte.
Malabarista de Cuchillos (Knife juggler):
Inicialmente empecé a jugar la lista sin incluir esta carta.
Finalmente si la incluí fue nuevamente por la cantidad de Paladines Impar con los que me encontraba. Obtener un Malabarista de Cuchillos (O dos seguidos) de un Llamamiento a las Armas era realmente destructivo en ese enfrentamiento.
La idea de suprimir esta carta viene dada de la idea de cortar un llamamiento a las armas (Por no decir que así también te podes hacer de espacio para probar alguna otra carta).
Normalmente me guardaba Lynessa penasol para jugarla en combinación con Zola la gorgona (A poder ser). Buscaba jugar Lynessa penasol una vez que hubiera jugado al menos una copia de bendición de reyes, una copia de montura espinosa y la única copia que llevaba de tocad las campanas (A la que intentaba replicar su efecto al menos dos o tres veces).
submitted by Astagion to SnoodybooDeckDoctor [link] [comments]


2016.08.08 22:57 Grupo-de-lectura Proyecto de "Grupo de Lectura" de la Plaza. Hilo nº. 4

.
Os propongo que dejemos de lado lo que planteaba en el anterior hilo (3) y digáis qué os parece lo os comento a continuación, quees bastante más sencillo:
a) A continuación veréis un listado de obras de Literatura. Todas, prácticamene, pueden bajarse de internet y en su mayoría carecen de derechos.
b) Repasadlo y elegid tres obras que os gustaría leer y comentar.
c) Con las respuestas que déis (en un plazo de dos o tres días), haremos un nuevo listado ya más reducido que será sometido a nueva votación,
d) Se ordenarán todos los textos según las puntuaciones obtenidas y el más votado será el primero que comenzaremos a leer.
e) En caso de que por alguna circunstancia no fuera posible utilizar el primer libro, pasaríamos al segundo de la lista definitiva.
f) Para que todo el mundo pueda bajarse dicha obra, yo os colocaré en un hilo el enlace para que podáis bajarlo.
g) Tres días después de haber colocado dicho enlace, comenzaremos el trabajo de lectura. Si el texto es muy largo podremos dividirlo en partes.
h) Nos daremos un plazo para que individualmente en casa leamos y tomemos nota del texto (¿una semana?)
i) Posteriormente nos daremos otro plazo para comentar e intercambiar colectivamente en estos hilos de la Plaza las opiniones, dudas, etc. sobre la lectura efectuada.
j) Todo ello quedará archivado y a disposición de quien desee utilizarlo. Si se quiere ordenar y organizar todo lo que se haya escrito, o hacer una selección, será necesaria una -o más- personas que se encarguen de ello.
Nota
Si alguien quiere incluir a este listado otros textos que estén digitalizados, no den problemas y sean fáciles de bajar del sitio en que se encuentren, puede comunicármelo para que se incluyan a esta lista.
.
OBRAS DE LITERATURA que propongo.
(Si se prefiere otra temática -Política, Economía, Ecología, Historia, Franquismo, Fascismo, etc., también puedo colocar otros listados sobre esos temas u otros que pidáis.)
.
A tiempo Petras, James Cuento
Antígona Sófocles Teatro
Antígona (de Bertolt Brecht) Brecht, Bertolt Teatro
Antología Poética León Felipe Poesía
Antología Poética Benedetti, Mario Poesía
Así es si así os parece Pirandello, Luigi Teatro
Así se templó el acero Ostrovski, Nicolai Novela
Campos roturados Sholojov , Mijail Novela
Canastitas en serie B. Traven Cuento
Cancionero y romancero de ausencias Hernández, Miguel Poesía
Canto General Neruda, Pablo Poesía
Cantos para soldados y sones para turistas Guillén, Nicolás Poesía
Carmina Burana Anónimo Cancionero Libro
Cartas de amor de un comunista Pérez Montalbán, Isabel Poesía
Cartas desde la Tierra Twain, Mark Novela
Comprometerse y no aceptar compromisos Riechmann, Jorge Ensayo
Cuánta tierra necesita un hombre? Tolstoy, León Cuento
Diles que no me maten Rulfo, Juan Cuento
Dinamita cerebral -cuentos anarquistas- Varios autores Cuento
Don Carlos Schiller, Friedrich Teatro
El alma buena de She-Chuan Brecht, Bertolt Teatro
El blocao Díaz Fernández, José Novela
El cero y el infinito Koestler, Arthur Novela
El concierto de San Ovidio Buero Vallejo, Antonio Teatro
El destino de un hombre Sholojov , Mijail Novela
El enano Lagerkvist, Pär Novela
El extranjero Camus, Albert Novela
El gran Inquisidor Dostoievski, Feodor Cuento
El huésped Camus, Albert Cuento
El libro de los abrazos Galeano, Eduardo Cuento
El Mexicano London, Jack Cuento
El padre de Blancanieves Gopegui, Belén Novela
El que dijo sí y el que dijo no Brecht, Bertolt Teatro
El reino de este mundo Carpentier, Alejo Novela
El son entero Guillén, Nicolás Literatura Poesía
Es que somos muy pobres Rulfo, Juan Cuento
Galileo Galilei Brecht, Bertolt Literatura Teatro
Germinal Zola, Emilio Literatura Novela
Hágase la mujer Campos Sagaseta , Juan Carlos ("Koldo") Teatro
Hombres en escabeche Istarú, Ana Teatro
Koolau el Leproso London, Jack Literatura Cuento
La catedral Blasco Ibáñez, Vicente Literatura Novela
La Chinche Maiakovski, Vladímir Literatura Teatro
La Corte de los Milagros . del Valle-Inclán, Ramón Novela
La cruzada de los niños Schwob, Marcel Novela
La evolución del lenguaje Castro, L. Toro Ibáñez, Miguel A. Artículo
La forja de un rebelde. Vol. 1: La Forja Barea, Arturo Novela
La forja de un rebelde. Vol. 2: La Ruta Barea, Arturo Novela
La forja de un rebelde. Vol. 3: La LLama Barea, Arturo Novela
La fuerza de los fuertes London, Jack Literatura Cuento
La llamada de la selva London, Jack Cuento
La madre pasota Fo, Darío Teatro
La mujer rota de Beauvoir, Simone Novela
La P... respetuosa Sartre, Jean Paul Novela
La palabra ardiente Azuela, Francisco Poesía
La Regenta. Vol. 1 Alas Clarin, Leopoldo Novela
La Regenta. Vol. 2 Alas Clarin, Leopoldo Novela
La resistible ascensión de Arturo Ui Brecht, Bertolt Teatro
Las brujas de Salem Miller, Arthur Teatro
Los de abajo Azuela, Mariano Novela
Los impunes Barchilón, Ariel Teatro
Los justos Camus, Albert Teatro
Los miserables Hugo, Víctor Novela
Luces de Bohemia del Valle-Inclán, Ramón Teatro
Madre Coraje y sus hijos Brecht, Bertolt Teatro
Marx en el Soho Zinn, Howard Marxismo Teatro
Muerte de un viajante Miller, Arthur Teatro
Niebla de Unamuno, Miguel Novela
Oliver Twist Dickens, Charles Novela
Palabras para Julia y otros poemas Goytisolo, J. Agustín Poesía
Poesías completas de Antonio Machado Machado, Antonio Libro
Relato de un náufrago García Márquez, Gabriel Novela
San Manuel Bueno, Martir de Unamuno, Miguel Novela
Se compran y se venden metales viejos Brecht, Bertolt Teatro
Sin novedad en el frente Remarque, Erich María Novela
Son las cien de la tarde Azuela, Francisco Poesía
Tartufo Moliere, Jean Baptiste P. Teatro
Te llamo desde un muro Ana, Marcos Poesía
Tierra y Libertad Flores Magón, Ricardo Teatro
Todas tenemos la misma historia Fo, Darío Teatro
Tristana Pérez Galdós, Benito Novela
Un enemigo del pueblo Ibsen, Henrik Teatro
Viento del pueblo Hernández, Miguel Poesía
Voces del Sur (Antología de poetas africanos) Varios autores Poesía
Yerma García Lorca, Federico Teatro
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